Pequeñas serpientes

Un filme sobre esclavitud ganó el premio a mejor película en la última edición de los Oscars. Dejando a un lado el merecimiento o no de ser nombrada la mejor del año 2013, ¿qué grado de responsabilidad tuvo en los que la votaron que al no hacerlo pudieran ser considerados racistas? A Gary Oldman, que sabe más el diablo por viejo que por diablo, no le costó reconocer que él la votó por temor a que lo tacharan de ese modo. Sigue leyendo

Un viento

 
Un viento inmenso vuelve suelto,
precipitado, aterciopelado, revuelto
por tus manos ahusadas y resuelto
por la magia de un verso esbelto.
 
Un viento fino trota erguido,
por la incertidumbre de lo no vivido.
Sin ganas la desgana se ha torcido.
sin temple y vana. Vino no bebido.
 
Un viento libre de paz aunque tibio.
Mudándose la piel, bello, anfibio.
Arrastrándose hacia mi declivio;
que provoca dolor, que no es alivio.
 
Un viento sin solución, ni documento.
Un viento ateo, ácrata, soñoliento.
Un viento que envenena el alimento.
El verdugo que te fina. Un ahorcamiento.
 
Un viento que al final no es más que un viento.
Un viento que es principio, fin, resentimiento.

Aborten misión

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Por azares del destino me acaba de venir a la memoria la serie de animación Vaca y Pollo, aquélla en la que estos dos animales, la res y el gallináceo, eran ilógicamente hermanos y cuyos padres eran humanos a los que únicamente se les veía de cintura para abajo. Con la nueva Ley del Aborto, el Partido Popular quiere conseguir el mismo efecto que pretendía la Cartoon Network al no darle cara los progenitores de su serie: tener la última palabra en cada una de las familias que se creen en este país. Si bien, Vaca y Pollo no sería una serie que los padres del partido dejarían ver a sus hijos porque para ellos sólo existe un tipo de familia.

Tener la querencia de gobernar sólo y exclusivamente para los que te han votado conlleva tomar decisiones meramente ideológicas que repercuten en los logros conseguidos por la cainita España. Gobernar de manera ideológica lleva a darle más derechos al cigoto que a la madre, al doctor que a la mujer que dará a luz, a la Iglesia Católica que al progreso social.

Siguiendo con los pollos, supongo que el señor Ruiz Gallardón estará en contra de que comamos algo tan español como la tortilla porque cascar un huevo es acabar con la vida de una futura gallina. Da igual que a esos pollos cuando crezcan se les hacine en jaulas, se les infle a grano, se les cebe sin tener en cuenta sus “derechos”. Acabo de reducirlo todo al absurdo demagógico, lo sé. Me gusta el pollo.

Pero demagogia también es, y de la mala, usar la democracia para intereses partidistas. Al Partido Popular se le puede acusar de todo menos de cumplir su programa electoral. Curiosamente este es el único punto que sí llevarán a cabo, el único punto que, creo, a la mayoría de sus votantes les daba igual que se cumpliera. Cortinas de humo aparte, la deriva nacional es clara y apunto a dos direcciones:

-La primera, la privatizadora: sanidad, educación, justicia, aborto… Parece que a muchos de los afiliados del PP lo único que les molesta del aborto es que sea vigilado y controlado por la sanidad pública para evitar los riesgos en la madre. Para muestra, este tuit de un miembro de Nuevas Generaciones en Badajoz:

Tuit NNGG Badajoz

                                                                                        (¿Hace falta añadir algo más?)

-La segunda, la vuelta al pasado. La nostalgia de los tiempos pretéritos conlleva basar todas las decisiones en los preceptos de la moral impuesta en la era pre-democrática. Otro argumento falaz que utiliza el PP es atacar a la progresía que critica la ley por ser prácticamente idéntica a la impulsada por el PSOE de Felipe González en 1985. Lo cierto es que esa ley, que fue un hito por venir de donde proveníamos, ahora se queda corta. Lo más cierto es que en la carrera del bienestar social, justicia e igualdad de oportunidades el Partido Popular va treinta años detrás del resto.

La realidad que nos ha tocado vivir radica en la irrealidad de los que ostentan actualmente el poder. Lo surreal es la base de la animación y hoy, una de las frases más famosas puestas en boca de Mafalda, se vería actualizada: “Aborten misión, paren España que me bajo”.

(Todo el crédito y copyright de la ilustración para Julio Fuentes)

Mil novecientas ochenta y cuatro semejanzas

Alrededor de siete minutos es lo que dura la presencia en pantalla de Robert De Niro en la Brazil (1985) imaginada por Terry Gilliam, un papel tan corto como recordado o viceversa.  En una sociedad hipercontrolada y dominada por la burocracia, el más mínimo fallo de la administración se perpetúa como mancha imborrable dentro del departamento que la pifie. Los errores eran inconcebibles hasta que el vuelo ebrio de una mosca terminó dentro de la máquina que en ese mismo momento estaba imprimiendo una orden de detención.  La mala suerte hace que el insecto muera justo encima de la T convierténdola en B. Consecuentemente el señor Buttle, y no el terrorista Tuttle, nuestro amigo Robert De Niro, es detenido y torturado hasta la muerte por no revelar secretos que no sabía.

La película de Gilliam toma como punto de partida la celebérrima novela de George Orwell Mil Novecientos Ochenta y Cuatro, el más claro ejemplo del subgénero de las distopías, obras literarias o cinematográficas que basan su argumento en una sociedad ficticia indeseable. Pero aún siendo una creación intelectual podemos encontrar en la obra de Orwell correspondencias en el mundo contemporáneo.

La más conocida por todos, quizás por otras razones, sea la del Gran Hermano. La idea de Orwell radicaba en el absoluto control que el estado ejercería sobre el ciudadano controlando y grabando cada uno de sus movimientos y conversaciones. Barack Obama, presidente del autoproclamado “país de las libertades”, defiende como presidente lo que abominó como candidato, la vigilancia masiva de las comunicaciones, haciendo uso de la  falacia de que “no se puede tener un 100% de seguridad y un 100% de privacidad”. Al final de Brazil se nos muestra la sala de tortura donde el Departamento de Adquisición de Información extrae la ídem si es necesario con sangre. En Mil Novecientos Ochenta y Cuatro a esta sala de le da el nombre de Habitación 101, destinada a borrar de la mente todo lo que impide a los disidentes amar al Gran Hermano. En Estados Unidos se le da el nombre de Guantánamo.

La novela de Orwell basa el poder del estado-gobierno en el precepto de que “lo que no forma parte de la lengua no puede ser pensado”. Así reduce el lenguaje a la mínima expresión, dándose la paradoja de que el mejor hablante de la neolengua será aquel que menos palabras utilice. El esquema es básico, todas las palabras con connotaciones negativas no existen, así la palabra malo se descartaría y sería sustituida por nobueno. Recuerda esta técnica a la estrategia de usar eufemismos para edulcorar la verdad . Expresiones como “crecimiento negativo”, “reajuste de tarifas” o “racionalización del personal” se han ganado su hueco diariamente en los informativos.

En 1966, François Truffaut llevó al cine la obra de Ray Bradbury Fahrenhet 451 donde libros prohibidos son quemados para que la gente no pueda pensar de manera distinta a la establecida. Mil Novecientos Ochenta y Cuatro introdujo el concepto doblepensar, “la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente”, que surge a través de la manipulación de la psique. Muchos medios de comunicación sesgan la información a conciencia para plantar ideas, o más bien ideologías, en las mentes de los ciudadanos. Para evitar esta práctica el refranero español es muy útil. El fallo de Hacienda con el DNI número 14 de la infanta pudo deberse a un error burocrático ocasionado como en Brazil al vuelo de una mosca borracha, o no. Piensa mal y acertarás.

Artículo publicado en el número de septiembre de 2013 de la Revista Jable  (pincha para leer revista completa)

Leer

Abrí el libro y comencé a leer. Era el único que quedaba en aquella estantería llena de polvo de aquella habitación llena de polvo en aquella casa gris por fuera y vacía por dentro. Aún resistía entre sus muros un ajado sofá donde me recosté a pasar las páginas mientras también pasaba el tiempo.

Leí sobre una mujer vestida de blanco que vagaba por las calles en busca del verdadero amor. También leí que esa mujer vivía en un pueblo lleno de polvo de aspecto gris y casi vacío. Andaba dando pasos cortos y titubeantes, arrastrando la cola del vestido, dejando a sus espaldas un reguero de desesperanza.

Leí sobre un hombre de traje verde y rasgos tristes que esperaba inmóvil el verdadero amor. También leí que ese hombre tenía el alma gris y que sus manos estaban cubiertas de polvo. Sentado mataba las horas cruzando y descruzando sus piernas, arrugando la raya de su pantalón, desprendiendo de su americana partículas de amargura.

Mientras leía descubrí que la mujer escondía entre las telas de su vestido un puñal de plata. Y que su vaga andadura siempre finalizaba en el mismo lugar, siempre en el mismo momento.

Siempre en el mismo momento que finalizaba la espera del hombre.

Leí que la mujer de vestido blanco llegaba a la entrada de una casa y que llamaba a la puerta con el puñal en la mano. También llamaban a mi puerta.

Si hubiera podido seguir leyendo hubiese leído que el hombre de traje verde se levantaba de un ajado sofá con la intención de dejarla pasar. Y que allí estaban los dos en aquella habitación llena de polvo en aquella casa gris por fuera y vacía por dentro.

Hubiese leído que el hombre, mucho antes, cogió un libro de una estantería llena de polvo y que comenzó a leer. Y que la mujer al terminar su andadura no pudo soportar saber que era el fin y que hundió el puñal en el pecho del hombre desgarrando su traje verde y manchando de rojo su vestido.

Y el libro cayó de mis manos quedando abierto en el suelo y mientras moría pude leer que el hombre acabaría muerto por el puñal de la desesperación .

Y también pude leer que otro hombre abriría el libro y comenzaría a leer.